El presidente Vladimir Putin ha elegido el camino de la destrucción en lugar de la diplomacia. Su acumulación de meses de una fuerza de invasión rusa masiva que rodea a Ucrania y su decisión el 21 de febrero de ordenar a los soldados rusos que ingresen a las provincias de Luhansk y Donetsk, en el este de Ucrania, han puesto en marcha una guerra catastrófica. El ataque indefendible y premeditado de Putin contra Ucrania aumentará las tensiones entre la OTAN y Rusia, aumentará el riesgo de conflicto en otras partes de Europa y socavará las perspectivas de no proliferación nuclear y desarme en los años venideros.

Hay muchas quejas que alimentan el último y más descarado intento de Putin de restablecer el orden de seguridad europeo, posterior a la Guerra Fría, a través de la fuerza militar. Algunas son reales, como el efecto de la expansión de la OTAN sobre el equilibrio militar en Europa, y otras son imaginarias; sin embargo, ninguna razón justifica un ataque violento de Rusia contra uno de sus vecinos.

A short-range Iskander missile system test flight test. Russian intermediate-range missiles, like the controversial 9M729, are launched from similar platforms. (Photo credit: Russian Defense Ministry.)

En un airado discurso en el que anunció su decisión de trasladar las fuerzas rusas a Ucrania, Putin defendió afirmaciones salvajes, etno-racistas e históricamente inexactas de que Ucrania no es un Estado legítimo y pertenece a una Rusia más grande. Expresó afirmaciones hiperbólicas de que una Ucrania independiente, inclinada hacia el oeste, a la que acusó falsamente de que podría, incluso, construir armas nucleares, es una grave amenaza para Rusia.

El aventurerismo militar de Putin, incluido el conflicto de Rusia con Georgia en 2008, su toma de posesión de la península de Crimea en Ucrania en 2014, sus ataques cibernéticos y juegos de influencia política y su impulso para modernizar las fuerzas armadas de Rusia ya han estimulado a los estados miembros de la OTAN a reforzar sus posturas militares. No es sorprendente que el comportamiento de Putin haya llevado a los ucranianos a ver a Moscú como una amenaza y buscar el apoyo de Occidente.

La agresión de Putin contra Ucrania viola el Memorando de Budapest de 1994 en el que Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos extendieron garantías de seguridad contra la amenaza o el uso de la fuerza contra el territorio de Ucrania o su independencia política. En respuesta, Ucrania se adhirió al Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) como un Estado no poseedor de armas nucleares y renunció a las 1.900 ojivas nucleares que heredó de la Unión Soviética. Como resultado, Ucrania, Rusia y el mundo estaban más seguros, pero el comportamiento de Putin socava el TNP y refuerza la impresión de que los estados con armas nucleares pueden intimidar a los estados no nucleares, reduciendo así los incentivos para el desarme y dificultando la prevención de la proliferación nuclear.

El círculo vicioso de desconfianza entre Rusia y Occidente en los últimos años se ha visto exacerbado por la pérdida (negligencia, incumplimiento o retirada total) de importantes acuerdos de control de armas convencionales y nucleares que ayudaron a poner fin a la Guerra Fría. Estas barreras para prevenir la guerra incluyeron el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, que fue diseñado para evitar grandes acumulaciones de fuerzas en el continente; el Tratado de Cielos Abiertos, que proporcionó transparencia sobre las capacidades y movimientos militares; el Tratado sobre Misiles Antibalísticos, que fue diseñado para prevenir una carrera armamentista ofensiva-defensiva sin restricciones; y el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio, que redujo el peligro de una guerra nuclear en Europa. Como resultado, la cooperación entre las partes se ha erosionado, ha aumentado la preocupación por las capacidades militares y el riesgo de error de cálculo es  mayor.

Con la guerra mortal de Putin contra Ucrania ahora en marcha, Estados Unidos, Europa y la comunidad internacional deben mantener una respuesta fuerte y unificada, incluidas sanciones más poderosas contra instituciones y líderes rusos clave. El pueblo de Ucrania necesita asistencia urgente de la comunidad internacional. Como debería ser, el gobierno de Kiev obtendrá asistencia militar defensiva para disuadir a Putin de apoderarse de más, si no todo, de su territorio.

En los próximos días y semanas, los líderes de Moscú, Washington y Europa deben tener cuidado de evitar despliegues militares nuevos y desestabilizadores, encuentros cercanos entre las fuerzas rusas y de la OTAN y la introducción de armas ofensivas que socaven la seguridad común. Por ejemplo, de aceptar Putin la oferta de Bielorrusia de albergar armas nucleares se socavaría, aún más, la seguridad rusa y europea aumentando el riesgo de una guerra nuclear.

 Si bien el régimen de Putin debe sufrir el aislamiento internacional ahora, los líderes de EE. UU. y Rusia deben buscar eventualmente reanudar las conversaciones a través de su estancado diálogo de seguridad estratégica para calmar las tensiones más amplias entre la OTAN y Rusia y mantener medidas de control de armas de sentido común para evitar una carrera armamentista total.

 Las propuestas de seguridad de Rusia de diciembre de 2021 y las respuestas de la administración Biden muestran que hay espacio para negociaciones para resolver preocupaciones mutuas, incluidos acuerdos para reducir grandes ejercicios militares y evitar el despliegue de misiles de alcance intermedio en Europa o el oeste de Rusia. Washington debe probar si Rusia se toma en serio tales opciones.

A la larga, los líderes estadounidenses, rusos, europeos y su pueblo, no pueden perder de vista el hecho de que la guerra y la amenaza de una guerra nuclear son enemigos comunes. Rusia y Occidente tienen interés en llegar a acuerdos que reduzcan aún más las fuerzas nucleares estratégicas infladas, regulen los arsenales nucleares de “campo de batalla” de corto alcance y establezcan límites en las defensas antimisiles de largo alcance antes de que expire el último acuerdo de control de armas nucleares restante, New START. a principios de 2026. De lo contrario, el próximo enfrentamiento será aún más arriesgado.

 — Este editorial también aparece en la edición de marzo de 2022 de Arms Control Today.

Copyright © 2022 Asociación de Control de Armas, Todos los derechos reservados. Esta traducción, es una traducción no oficial, para la entrada original (en inglés) visite aquí:

https://www.armscontrol.org/act/2022-03/focus/putins-assault-ukraine-nonproliferation-regime?emci=e6b3504e-a695-ec11-a507-281878b83d8a&emdi=ab48ca47-ad95-ec11-a507-281878b83d8a&ceid=9311132

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