Oct 1, 2015

[BITÁCORA]: El desafío de las minas antipersonal también está en Caldas

Voluntaria de la CCCM imparte un taller de ERM en el departamento de Caldas
Voluntaria de la CCCM imparte un taller de ERM en el departamento de Caldas

Por Diana Marcela Muriel, coordinadora de la Campaña Colombiana Contra Minas (CCCM) en el departamento de Caldas

Caldas, departamento reconocido por las Ferias de Manizales, por el Festival Internacional de Teatro, por zonas de biodiversidad y turismo, no es ajeno al flagelo de las minas antipersonal, las municiones sin explotar y los artefactos explosivos improvisados.  Estos  artefactos, que no discriminan entre la población, han afectado en los úlitmos años a la comunidad del municipio de Samaná, no solo por las vidas que ya se han perdido o se han visto gravemente afectadas, sino por lo que aún representan para la vida de las personas, pues mientras sigan ahí siempre existirá el potencial de matar, mutilar y destruir.

Si bien el último accidente tuvo ocasión en el año 2009 con la muerte del menor de edad Yilmar José López  Rendón, el desafío de llevar tranquilidad a las comunidades de Samaná es grande, puesto que es un municipio con vías de acceso difíciles, con una geografía montañosa y en muchos de los casos con veredas fantasma a causa de la violencia que se ejerció en el territorio.

Veredas como Las Mercedes, Abeiba, El Congreso, La Abundancia, La Italia, El Volcán, La Floresta, La Cumbre y La Tolda, del corregimiento de Florencia, se encuentran deshabitadas y aún sin revisión por parte del Batallón de Desminado Humanitario del Ejército (BIDES).  Como es conocido, este es un proceso que lleva tiempo, y en el municipio inció en el año 2010.

La información que se tiene por parte del Programa de Acción Integral Contra Minas Antipersonal de la Organización de Estados Americanos (AICMA-OEA) es que aún faltan 91 veredas por revisar y 67 se encuentran libres de sospecha, al menos, de minas antipersonal. Si bien este artefacto constituye un gran reto en su eliminación, también lo son los remanentes explosivos de guerra y las municiones sin explotar, las cuales, en la mayoría de los casos, resultan siendo manipuladas por niños y jóvenes que, curiosos por el juego, resultan víctimas de estos.

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Voluntaria de la CCCM imparte un taller de ERM en el departamento de Caldas

Una investigación presentada por el periódico “La Patria” en julio de este año, afirma que hay una cifra creciente de jóvenes víctimas de minas antipersonal que se inscriben en los planteles educativos de Caldas, en la medida en la que en el 2010 había un estudiante afectado por este tipo de artefacto; en el 2011 incrementó en 18 sobrevivientes; para el año 2012 fueron 15; para el 2013, 22; para el 2014, 23, y finalmente para el 2015, 27. Lo que evidencia la realidad en la que vive el departamento, la cual tiende a ser invisibilizada en una región cuya población más joven y más necesitada de protección ha visto disminuida su capacidad vital.

Dicho estudio también muestra como ahora las comunidades están recuperando la confianza mediante la Educación en el Riesgo en Minas (ERM) y cómo los niños vuelven nuevamente a estudiar utilizando caminos seguros. No obstante, la población en general vive en medio del miedo, por sus hijos, por salir al monte a conseguir leña para cocinar, por los que trabajan y se mueven diariamente por donde no se sabe si es o no seguro, etc. Lo único que sí se sabe es que hay que trabajar.

Pero no es solo el municipio de Samaná en donde se sufre este flagelo, en menor medida, pero no sin ser menos importante, en los municipios del norte y alto occidente del departamento han tenido y posiblemente tangan presencia de minas antipersonal. Se han reportado accidentes e incidentes en los municipios que comprenden dichas regiones, aunque aún no se cuenta con una comisión de verificación de desminado sobre estos territorios.

Finalmente, y siendo un fenómeno preocupante en materia de derechos humanos, Caldas tiene víctimas de minas antipersonal que se accidentaron en otras regiones del país, personas que se fueron con la ilusión de mejorar sus condiciones de vida erradicando cultivos ilícitos, contratados por el Estado y luego confiados a su suerte. Muchos de ellos no regresaron a casa, dejando a las mujeres viudas y con la responsabilidad de sus hijos. Otros regresaron con heridas que no solo han marcado sus cuerpos, sino también sus mentes, sus estados anímicos y  su papel dentro del hogar como abastecedor del mismo.

Enfrentados a una realidad mucho más dura de la que tenían antes del accidente, batallan todos los días para acceder a los servicios de salud,  a oportunidades laborales que atiendan sus condiciones y actos de amor para conservar sus familias y no desfallecer en el intento de creer que hay un mejor mañana.

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